El día que dejas de perseguir clientes... empiezan a perseguirte a ti

 Existe un momento muy curioso en la carrera de cualquier profesional.

 

Al principio persigues clientes.

Después persigues oportunidades.

Y un día...

Si haces las cosas bien...

Son ellos quienes empiezan a buscarte.

 

Pero eso no ocurre por casualidad.

Ocurre porque durante años has sembrado.

Has cumplido lo que prometías.

Has contestado llamadas.

Has hecho seguimientos.

Has ayudado incluso cuando sabías que no ibas a vender.

Has compartido conocimiento sin pedir nada a cambio.

 

Y poco a poco sucede algo maravilloso.

Tu nombre empieza a circular.

Alguien dice:

"Habla con Mari Nieves, ella te puede ayudar, te paso su teléfono."

 

Y entonces entiendes que la mejor publicidad nunca ha sido un anuncio.

Ha sido un cliente satisfecho.

 

Vivimos obsesionados con conseguir clientes nuevos.

Y muchas veces olvidamos cuidar a los que ya confiaron en nosotros.

 

Curiosamente... los clientes satisfechos tienen una costumbre maravillosa:

Hablan de ti cuando tú no estás delante.

Y esa recomendación vale más que cien campañas de publicidad.

 

No construyas una cartera de clientes.

Construye una colección de personas que estén orgullosas de haberte conocido.

 

Porque vender una vez está bien.

Que un cliente te recomiende durante años... Eso sí que cambia un negocio.

 

La mejor estrategia comercial del mundo cabe en una sola frase:

Haz que el cliente salga mejor de lo que entró.

No solo por el producto.

Por cómo lo hiciste sentir.

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